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#HistoriaDeModa: Hombres En Tacones y Nuevas Masculinidades



Una revisión al pasado y el presente de la imagen masculina.


Por: Sasha Santamaría (Consultora de Moda y Estilo)


En la actualidad, al menos en nuestra sociedad, hablar de moda desde sus variables relacionadas con el indumento y el adorno es un tema que aún se asume como de interés meramente femenino. Que la preocupación por el arreglo personal y manifestarlo de forma creativa es pura frivolidad cuya atención corresponde únicamente a la mujer.
Sin embargo, la historia demuestra que aquello no fue siempre así, que antes de que surgieran una serie de prejuicios alrededor de la relación entre moda y masculinidad, existió un tiempo donde el ornamento formaba parte de sus inquietudes. De esta manera, elementos que hoy están intrínsecamente relacionados a la femineidad fueron portados en primera instancia por el género masculino. Los tacones, por ejemplo, fueron llevados durante el siglo X por los soldados persas, concebidos con la finalidad de asegurar sus botas a los estribos para poder cabalgar con total seguridad.


Modelo de bota con tacón utilizada por soldados persas. Foto: Pinterest


A raíz de esto, durante el siglo XVII en Europa surgió un repentino interés por la cultura persa y fue aquí donde la moda de llevar zapatos de tacón se esparció por este continente. Como toda tendencia que es acogida de manera popular por las masas, surge en efecto el deseo de diferenciación desde las esferas altas. Entonces para tomar distancia, la aristocracia decidió elevar sus tacones unos centímetros más para demostrar su posición de privilegio. Aquello se visualiza en los imponentes retratos de los reyes Luis XIV y Carlos II de Francia e Inglaterra, en los que destacan notablemente sus zapatos con tacones.   


Luis XIV de Francia y Carlos II de Inglaterra complementaban la exuberancia de sus trajes con tacones. Fotos: Wikimedia Commons, Pinterest


Sucedía que era un tiempo en el que el ocio formaba parte del día a día; una vida improductiva socorrida por el esfuerzo de asistentes de servicio que propiciaba el surgimiento de modas imprácticas y poco funcionales, diseñadas para la ostentación y no para la acción. Sin embargo, esto cambiaría con el estallido de la Revolución Francesa, que con su lema de “libertad, igualdad y fraternidad” se encargaría de establecer una uniformidad en el vestir, aboliendo todo tipo de distinciones de clase presentes en la indumentaria y cediendo de manera implícita los derechos de la decoratividad y el ornamento a la mujer. Este dictamen dio paso a la simplificación del vestuario masculino, orientando su sentido hacia la utilidad, hacia una vestimenta confeccionada para la actividad laboral, lo que progresivamente decantaría en el traje de chaqueta y pantalón que conocemos hoy en día, suceso que el psicólogo inglés John Carl Flügel denominó como La Gran Renuncia Masculina.

Desde aquel momento, el vocabulario de la moda masculina se volvió acotado y la demostración abierta de una imagen fashionable se convirtió en un acto estético desafiante capaz de provocar diversas críticas, tal como lo padecieron los cantantes Prince y David Bowie, cuyo estilo vistoso y audazmente construido les valió acusaciones de “afeminados”, comprobando aquel convencionalismo social de que la moda es un asunto de mujeres y no de hombres.

A pesar de las críticas, David Bowie y Prince eligieron calzar tacones como parte de su performance. Fotos: Pinterest, Getty Images
Sin embargo, el panorama actual se muestra esperanzador para aquellos que aprecian y disfrutan de expresarse de manera libre y personal a través de la ropa –y para quienes lo apoyamos también-, puesto que el zeitgeist desprejuiciado e inclusivo que estamos experimentando parece estar aunando esfuerzos en recuperar aquel brío de estilo que gozaron los hombres en algún momento, devolviéndoles la oportunidad y la posibilidad de producirse en la manera en que deseen, acogiendo incluso aquellos elementos considerados exclusivos del universo femenino. Será tal vez que la apertura mental despreocupada e incluyente de los millenials y centennials ha posibilitado la convivencia y existencia de estas expresiones estilísticas amparadas bajo la etiqueta de nuevas masculinidades, con la intención de descomponer y reinventar lo tradicionalmente considerado masculino en lo que a imagen se refiere. 

Representantes de la nueva masculinidad: Harry Styles, Maluma y G-Dragon

Para evocar algunos ejemplos que encarnan este nuevo paradigma, resulta más que pertinente recordar la aparición de Harry Styles en la Met Gala de este año, quien lució un traje de inspiración eduardiana culminado con unos zapatos en charol negro provistos de tacón, una visión creada por Alessandro Michele para Gucci. Incluso, en uno de sus últimos posteos de Instagram, el cantante Maluma ha optado por lucir de igual manera unas botas de tacón. Los idols del k-pop son otros grandes referentes, quienes incluso se animan a usar maquillaje, llegando a convertirse en protagonistas de campañas tal como le sucedió a el cantante G-Dragon elegido como embajador de la reconocida marca de belleza coreana Moonshot. Al parecer, la relación moda-masculinidad va cerrando sus fisuras y sus tabúes poco a poco van quedando en el pasado. 


La Revolución de Mary Quant: Mini faldas y juventud



El museo Victoria & Albert de Londres realizó un homenaje a la diseñadora inglesa que lideró la emancipación de la moda femenina a inicios de los sesenta. Te llevamos a recorrer los momentos más relevantes de su exposición.


Texto y fotografías: Sasha Santamaría (Consultora de Moda y Estilo)


Dentro del extenso vocabulario del universo de la moda existe un nombre que es sinónimo de diversión y desenfado. Ese nombre es el de Mary Quant, la mujer que con su visión vanguardista y atrevida sacudió los cimientos estilísticos de su época.
Era el inicio de los vertiginosos años 60, tiempo en el que se desataría una revolución que descolocaría las formas tradicionales, una revuelta liderada por los jóvenes que se criaron bajo la sombra de la guerra. Este agitamiento juvenil que la legendaria Diana Vreeland bautizó como youthquake, se encargaría de inyectar alegría, espontaneidad y dinamismo en todos los ámbitos. Así, aparece por primera vez el concepto de juventud, cuya efervescencia inundaría las diversas posibilidades artísticas. Quant hizo lo suyo a través de la moda, ofreciendo una filosofía moderna perfilada por colores vibrantes, guiños infantiles y una impronta de liberación e innovación aplicada en su desarrollo textil y prendas. 


Inicios

Su primer paso dentro del arte de la indumentaria se concretó en 1955 con la apertura de la boutique Bazaar, la cual fundó con el apoyo de sus amigos/socios Archie McNair y Alexander Plunket Greene (quien luego se convertiría en su esposo). La tienda de carácter experimental ofrecía una serie de productos elegidos bajo la curaduría de la diseñadora. Piezas de las más inusuales eran comercializadas, lo que convirtió a este espacio en uno de los preferidos de las mujeres profesionales que buscaban un estilo único. Tiempo después, Quant decidió empezar a confeccionar sus propios diseños, en los que comenzaba a manifestar su visión de vestir práctica, audaz y divertida.

Conjunto de pijama en polka dots elaborado por la diseñadora en 1956


El look Quant

Con el concepto de juventud como base, el estilo de la diseñadora se iba afianzando y construyendo a partir de una imagen que evocaba la nostalgia de la infancia; de sus uniformes escolares y la soltura de las flappers de 1920, todo esto bajo un halo de candidez. Su signature look se componía de vestido de jersey, medias, boina y zapatos, incluso el maquillaje era de su autoría, elementos que se distinguían por su insigne sello de margarita en composición blanco y negro.
Ella era la propia embajadora de su marca, lo cual demostró con el estilismo que eligió en 1966 para recibir la medalla de la Orden del Imperio Británico por su contribución al desarrollo de la economía inglesa debido a los ingresos generados por la exportación de su ropa. Aprovechando la cobertura mediática, eligió un ensamble en tono crema y aires preppy, realizando una reinterpretación muy personal de la formalidad del protocolo inglés.


El nacimiento de un nuevo estilo. Crédito foto derecha: Pinterest

El vestido tipo overol o pinafore dress también formaba parte esencial de su discurso vestimentario; una de sus prendas estrella que rediseñaba cada temporada de acuerdo a la estación, y que conjuntaba junto a blusas o suéteres de manga larga.


Piezas de la colección “Ginger Group” lanzada en 1963


Influencia masculina: Comodidad y protesta

Tal como lo hiciera Coco Chanel en su tiempo, Quant exploró los ítems del armario masculino para trasladar sus cualidades sartoriales y confortables a sus creaciones. En búsqueda de inspiración, posó su mirada en la sastrería y en los trajes militares para concebir trajes femeninos de líneas relajadas. Era su manera de desafiar las reglas de género en el vestir. En esta instancia, el pantalón jugó un rol trascendental, puesto que era una prenda casi prohibida para las mujeres, ya que su uso estaba relegado para la privacidad del hogar y para ciertas ocasiones informales. Pese a esto, Quant lo adoptó como su declaración rebelde de estilo.


Gestos masculinos adaptados a la estética Quant

Incluso, alguna de sus piezas contenían un mensaje de protesta; una sátira a las inhibiciones que padecían las mujeres, lo que se refleja en su diseño “Bank of England” un vestido de estampado de raya diplomática, cuyo uso era exclusivo de la sastrería masculina. Era su manera de ironizar la imposibilidad que tenía la mujer para abrir una cuenta bancaria, asunto que podía hacer realidad contando únicamente con la autorización de un cercano masculino.



Mini falda: Liberación y sexualidad

El look de falda corta se convirtió en la apuesta de mayor riesgo creada por la diseñadora, el cual poco a poco iba captando popularidad y acaparando la atención de los medios, ganándose el nombre de mini falda; una tendencia emergente que fue desarrollándose a la par de los alocados movimientos del rock and roll y del yeyé, en un tiempo en el que la mujer se encontraba experimentando nuevas libertades a nivel social, siendo una de ellas, la invención de la píldora anticonceptiva. En alguna oportunidad, la diseñadora confesó que ella no inventó la mini falda, fue la época la que le demandó que la creara. De esta manera, siguiendo el pulso del momento, se encargó de revelar las piernas de las mujeres; a tono con aquella nueva conquista, convirtiendo a esta prenda en el símbolo internacional de la moda londinense y de la liberación femenina.


Evolución de los largos de la falda hasta alcanzar la altura mini


El “Wet Look”

El deseo del hombre de llegar a la luna y la “carrera espacial” que este desató, dio pauta para que la moda indagara en nuevas materialidades. De repente, el vinil se convirtió en el elemento preciso para desarrollar propuestas de tintes futuristas. Quant lo acogió para crear su colección “Wet Look” en colaboración con la marca Alligator, presentando una serie de piezas impermeables ideadas para la lluvia, incluyendo opciones de calzado tipo botín tobillero y largo. 


Incorporación del vinil en la creación de prendas impermeables


Foto de campaña e items de la colección “Quant A Foot”


Los 70

Entrando a una nueva década, su estilo expresó una evolución madura; mostrando una silueta lánguida, dejando a un lado los trajes estructurados. Con la idea de un estilo pensado para la mujer profesional y siguiendo los lineamientos de la moda estadounidense, adoptó la idea de prendas separadas y combinables entre sí. Para la noche, abrazó el largo maxi para vestidos de cuello halter y líneas fluidas. Para acompañarlos, ideó su versión de plataformas, calzado representativo de la época. 


Silueta relajada en estilismos para la mujer profesional




Con todas estas contribuciones e innovaciones, Quant ayudó a que Londres se convirtiera en el nuevo centro generador de moda y tendencias, desplazando a París; brindando, además, con la exportación de sus productos, un aporte significativo a la economía inglesa y a su vez, marcando un hito sin precedentes dentro de la historia del armario femenino.  


Recorriendo la exposición “Christian Dior Designer of Dreams”


Por: Sasha Santamaría

Era el primer viernes de agosto y en las calles de Londres circulaba una apacible brisa veraniega. Caminaba hacia el barrio de South Kensington rumbo a mi anhelado destino: el museo Victoria & Albert. Allí, estaba a punto de presenciar la exposición más visitada en la historia de esta institución, aquella que convocó a más de 500 mil personas, superando el récord establecido por “Savage Beauty” de Alexander McQueen en 2011, considerada, además una de las muestras de moda más importantes de estos últimos años: “Christian Dior Designer of Dreams”, la cual, en primera instancia, fue exhibida en 2017 en el Museo de Arte Decorativo de París, a propósito del aniversario número 70 de la casa de moda francesa. La exhibición estaba dividida en varias salas que relataban la historia de la maison desde sus inicios hasta la actualidad. Acompáñame a recorrerlas:


La explosión del “New Look”
El 12 de febrero de 1947, en su boutique ubicada en el número 30 de la avenida Montaigne de París, Christian Dior debuta como diseñador presentando su primera colección de Alta Costura para Primavera-Verano. Su propuesta resultó ser la antítesis de la moda heredada por las privaciones de la guerra, aquella en la que primaban los tejidos austeros y una silueta rectangular. El plan de Dior era devolver el glamour y llevar alegría a la mujer con su concepto de “mujer flor”; ideando una imagen de feminidad con forma de reloj de arena, de cintura definida, hombros delicados con busto y caderas prominentes, premisas que materializó a través de sus líneas “Corola” y “8”.
“Esto es una revolución. Tus vestidos tienen un “nuevo look”, le expresó Carmel Snow, editora de la edición estadounidense de Harper’s Bazaar, como un anuncio del inicio de un cambio radical en la moda femenina.

El ensamble epítome de esta colección es el traje “Bar”, compuesto por una chaqueta de seda y una voluminosa falda de tafeta, el cual ha sido reinterpretado a través de la mirada de los diseñadores que continuaron su labor creativa, como una manera de homenajear su legado. 

Izq: Traje Bar (1947). Der: Fotografía de Willy Maywald

Versiones del traje Bar diseñadas por Maria Grazia Chiuri y John Galliano


Los sucesores
Desde el fallecimiento de Christian Dior el 14 de octubre de 1957, seis mentes creativas han sido convocadas para mantener vivo su trabajo. Yves Saint Laurent, Marc Bohan, Gianfranco Ferré, John Galliano, Raf Simons y Maria Grazia Chiuri (primera mujer delegada como directora creativa), se encargaron de reinventar los parámetros fundacionales de la casa a través de su sensibilidad particular. Así, la época de Saint Laurent es recordada por su inspiración en las tribus urbanas de los sesenta, Gianfranco Ferré por su sentido arquitectónico, John Galliano por su exuberancia y teatralidad, Raf Simons por su intención futurista y Maria Grazia Chiuri, quien comanda actualmente la dirección de la casa, destaca por su visión urbanita y sporty.

Interpretando la silueta Dior: Piezas de John Galliano, Maria Grazia Chiuri y Raf Simons


Sala “The Garden”
Este salón recordaba el amor que sentía el diseñador por las flores (gusto cultivado desde temprana edad por su madre). Aquella fascinación que luego se convertiría en el núcleo de su imaginario creativo, permitió que tanto él como sus sucesores conciban piezas de marcada inspiración floral en todas las formas posibles. Los gestos de asombro eran colectivos. Estar ahí generaba una sensación onírica, debido a las flores que colgaban del techo y que reforzaban el romanticismo de este aspecto tan distintivo y personal de la historia de Dior. Los vestidos allí exhibidos presentaban rasgos que evocaban diversas variedades de flores; plasmadas a través de bordados, estampados, siluetas y texturas. Un tributo a la feminidad de la “femme fleur”.

Piezas de Maria Grazia Chiuri, Yves Saint Laurent, John Galliano y Raf Simons

Romanticismo en clave floral por Christian Dior, John Galliano e Yves Saint Laurent

Sala “Les Ateliers”
Este espacio era una ilusión nívea conformada por los toiles (prototipos de prueba) desarrollados por las costureras y demás integrantes de los talleres de alta costura. Estas piezas (elaboradas en tejido de algodón blanco) permiten realizar modificaciones de diseño, ajuste y confección antes de la ejecución final del traje. La intención era celebrar el esfuerzo de estos artesanos de la aguja, honrando su destreza manual, la cual constituye un aspecto sustancial de este rubro puesto que posibilita la fantasía de la haute couture. Se exaltó de igual manera, el trabajo de talleres tradicionales especializados en determinadas técnicas, como los plisados del atelier Lognon (puedes ver el making-of de uno de los vestidos aquí ), y los exquisitos bordados de Vermont. 


Prototipos de prueba que forman parte del historial de diseño de la casa Dior


Sala “The Dior Ball”
Para Dior, diseñar trajes de noche era una instancia en la que podía permitirse una libertad creativa plena e ilimitada. También, le significaba una oportunidad para demostrar las diversas habilidades de los integrantes de su taller. Según el modisto, “la ropa de gala es una de las cosas más glamurosas que una mujer puede tener”. Bajo esta premisa, daba forma a esplendorosos vestidos de amplias faldas embellecidos con fulgurantes aplicaciones de bordados. 
Fue en esta sala, que de repente, observé el vestido que tanto deseaba ver: el majestuoso Junon, que el modisto confeccionó en 1949 como parte de su colección Otoño/Invierno. Una fantasía elaborada en seda compuesta por un top strapless y falda en forma de pétalos con decoración de pedrería en tonos azulinos.
Su intención con estos vestidos era ofrecerle a la mujer “un escape a la realidad del día a día”. Y esta preciosa y mágica pieza es la consumación física de aquel deseo.

Vestido Junon por Christian Dior (1947)



Fue un inmenso honor tener la oportunidad de observar y apreciar tan de cerca las creaciones de este gran modisto. Conocer su historia y la de sus sucesores, comprender por qué para él era tan importante devolverle a la mujer la oportunidad de sentir belleza luego de los horrores de la guerra; de portarla, de vestirla, de brindarle una experiencia de felicidad a través de su ropa. Ese era su sueño. Y yo lo viví a través de esta exposición.


Los Hitos De Gabrielle "Coco" Chanel


Por: Sasha Santamaría


Un 19 de agosto de 1883 nació la mujer que con su afinado sentido estético, fundó las bases de la modernidad en el vestir femenino (tarea que más adelante continuaría Yves Saint Laurent). Apasionada, contestaria e innovadora, Gabrielle Bonheur Chanel, luchó en contra de los cánones de su tiempo para formular una filosofía de estilo que ha perdurado a través de los años. Honoramos su legado en la moda evocando sus contribuciones más memorables.




La silueta de la liberación 

Hacia fines de 1890 y mediados de 1920, el vestuario femenino estaba dominado por el gusto de la 'belle époque'. Vestidos en forma de S (cintura definida a punta de corsé, busto voluminoso y caderas redondeadas) acompañados por sombreros de excesivo decorado marcaban la tendencia. No obstante, poco a poco, la mujer iba ganando libertades (practicar deporte en público era una de ellas) y aquel estilismo desentonaba con estas nuevas conquistas. Así, Chanel, fue una de las diseñadoras que promulgó una silueta lánguida y desapegada del cuerpo que favorecía y posibilita el movimiento.

La nueva silueta estaba liderada por un corte recto y un sentido lineal de la figura.


El jersey: Innovación textil

Para lograr que sus diseños cumplieran con esa cualidad confortable y fluida no solo en términos de silueta, Chanel observó en el tejido de jersey una materialidad para concretar aquellas virtudes en sus prendas. Esto significó un movimiento ingenioso de su parte puesto que en ese momento, el uso del jersey estaba relegado únicamente para la confección de ropa interior masculina. Gracias a este descubrimiento, pudo dar forma a conjuntos de dos piezas para uso diario y casual.  

Conjunto de dos piezas elaborado en jersey (1928).


Negro: La elegancia de la austeridad 

Otro de sus movimientos arriesgados en términos estilísticos consistió en proponer al color negro en el vestir como símbolo de distinción y elegancia, que, curiosamente, era un tono utilizado para los uniformes del personal de servicio doméstico. Este punto resulta interesante puesto que recuerda una de las tantas veces en que los hacedores de moda han tomado inspiración en aquello que está fuera del margen de lo común, en una constante búsqueda de belleza dentro de lo no convencional. De esta forma, mediante esta observación, Gabrielle concibió una de las prendas epítomes del vestir femenino; el famoso little black dress.

Conjunto de dos piezas en negro absoluto (1927).


El encanto de la funcionalidad masculina

El estilo de vestir de sus compañeros sentimentales supuso otra gran fuente de inspiración para Chanel. En ellos, reparó en la confortabilidad y sartorialidad sin esfuerzo de la ropa masculina, cualidades que se convirtieron en uno de los pilares de su discurso vestimentario. Aquel postulado es visible por ejemplo en la chaqueta de tweed, pieza que devino a partir de su relación con el Duque de Westminster. En ella se refleja la admiración de Chanel por la sastrería británica y de las prendas que usaba su compañero en sus actividades al aire libre. De hecho, gracias a esta relación, Gabrielle tuvo un acercamiento con Escocia, en donde conocería y generaría el tejido de tweed, materia prima de su icónica prenda.

Chanel en un “fitting” de la chaqueta tweed para la actriz Romy Schneider.


“La moda es efímera pero el estilo es eterno”

 -Coco Chanel-



Recordando a Yves Saint Laurent


Por: Sasha Santamaría


Hablar de Yves Saint Laurent es recordar el relato de una de las grandes luminarias de la historia de la moda del siglo XX. Su ingenio y sentido estético le permitieron fraguar el guardarropa de la mujer moderna, legado que continúa vigente hasta la actualidad.



Nacido el 1 de Agosto de 1936 en Orán, Argelia, el camino del “Príncipe de la Moda” inició en sus primeros años de infancia, cuando, agobiado por las burlas que recibía de parte de sus compañeros debido a su personalidad tímida y maneras delicadas, encontró en la moda un refugio y un medio para canalizar su creatividad y su fantasía de convertirse algún día en modisto, creando pequeños montajes de desfiles y realizando collages con fotografías de revistas.

Destinado a forjarse un nombre en el universo de la moda, en 1954 con 17 años resultó ganador del concurso del Secretariado Internacional de la Lana, llevándose el primer lugar en la categoría de vestidos, bajo la vista de Christian Dior y Hubert de Givenchy quienes oficiaron de jurado en la competencia. 

Luego de este triunfo, decide mudarse a París para inscribirse en la  escuela de la Cámara Sindical de la Alta Costura. Pero poco después, abandona sus estudios decepcionado de la instrucción que le ofrecía el instituto. No obstante, Michel de Brunhoff, en aquel entonces editor de la edición francesa de la revista  Vogue, vio sus bocetos y se los enseñó a Christian Dior, quien quedó impresionado por su talento, convocando a Yves a que formara parte de su atelier como patronista, para luego nombrarlo su asistente y declarar que en caso de su fallecimiento sea él quien tome la dirección de la firma. Aquello sucedió y con apenas 21 años Saint Laurent fue delegado como nuevo director artístico de la casa Dior.

Con “Trapecio”, su colección debut, Yves pretendía relajar la silueta femenina, contrario a la clásica silueta curvilínea insigne de Dior. Este fue uno de los primeros riesgos creativos que se permitió realizar como director creativo. Era una época en la que corrían nuevos aires que posibilitaban libertades inéditas a la mujer y Saint Laurent quería acompañar esos cambios a través de la ropa.


Vestidos de su colección debut “Trapecio” en los que se evidencia una cintura holgada, separada del cuerpo.

Su segunda gran jugada vino con el lanzamiento de su colección  “Souplesse, Légèreté, Vie” con la que pretendía alejarse de la pomposa estética burguesa que predominaba en la moda de aquellos tiempos, mostrando su afinidad con la energía contestataria y desenfadada de la juventud de los 60´s. Para Yves, la modernidad y la originalidad del vestir estaban en la calle, en los estilos forjados por los movimientos contraculturales. Sin embargo, su propuesta recibió múltiples críticas por parte de la prensa y constituyó uno de los motivos para que la casa Dior diera por terminado su contrato.
Este suceso fue el impulso para que el diseñador decidiera, junto a su compañero sentimental y socio Pierre Bergé, fundar su propia marca. Así lo hicieron y en 1962 Yves Saint Laurent se consolidó como nombre de moda con la apertura de su primera tienda, bajo el concepto de prét-a-porter, colaborando de esta manera con la democratización de la moda y dando continuidad a su fascinación por la originalidad estilística de los jóvenes.

Además de la moda, el arte era una de las grandes pasiones de Yves, afición que materializó a través de su icónica colección Mondrian, lanzada en 1965 inspirada en la obra del artista Piet Mondrian, fundador del neoplasticismo holandés.


Su colección “Mondrian” llegó a protagonizar la edición de Septiembre de la revista Vogue.

El gran hito del modisto llegaría en 1967 con la concepción del traje pantalón para el vestir femenino, y posteriormente, el traje de smoking, atuendos que sus musas Bianca Jagger y Catherine Deneuve se atrevieron a lucir a pesar de los prejuicios de la época. Esta fue la manera en la que Saint Laurent concretó su deseo de liberar a la mujer a través de sus diseños, de situarla en un nivel igualitario al de los hombres, permitiéndoles sentir el confort que ellos experimentaban con sus trajes –primeros indicios del estilo andrógino- sin que aquello implicara dejar a un lado su feminidad o poder de seducción. 


Liberación e igualdad: El pantalón llega al armario femenino.

Y es que Yves se abocó en la tarea de construir el guardarropa de la mujer contemporánea, creando prendas como el jumpsuit, la chaqueta sahariana, la gabardina y la incorporación de transparencias, con el objetivo de vestirla en consonancia con sus nuevas libertades.
“He luchado por la elegancia y la belleza. Todo hombre para vivir necesita espíritus estéticos. Yo los he perseguido, buscado y hallado” exclamó el 7 de enero del 2002 en el discurso que anunciaba su despedida de las pasarelas. Las últimas declaraciones de un hombre que dedicó su existencia a reformular la moda  femenina con el propósito de independizarla.  


*Publicado en Revista Cosas: https://cosas.com.ec/recordando-a-yves-saint-laurent/